19 mar. 2012

Mi papa es una silla

El 19 de Marzo, Día del Padre, la profesora preguntaba en clase a los niños, qué eran sus papas, para así poder rendirles homenaje en fecha tan señalada. Uno decía que era carpintero, el otro medico, otro florista y otro albañil, pero al llegar a Juanito, este dijo: "Mi papa es una silla".

Todos se rieron y la profesora tras poner orden, dijo: "A ver Juanito, explícanos eso mas detenidamente". "Muy sencillo señorita, con él me siento mas cómodo" "Pero eso no lo convierte en una silla" respondió confundida la maestra. Y Juanito tranquilamente prosiguió: "Pues... además, porque puedo descansar en él, porque si no alcanzo algo que necesito, él me ayuda y así lo consigo, porque él es firme, fuerte y sé que con él nunca me voy a caer". A eso sonó el timbre del recreo y todos salieron a jugar al patio, pero según salían corriendo, pensaban que efectivamente, un papa se parece mucho a una silla, por ser: "COMODA, FUERTE, FIABLE, SEGURA, RESISTENTE y FIRME"

¡¡¡Felicidades Papas!!!

De Liana Castello, adaptado por Hans Klobuznik

Rebeca, la niña florista del mercado

Rebeca era una niña que tenía el pelo rubio como el trigo, con una piel blanca y fina, con unos ojitos alegres y azules como el cielo, era hija de una viuda que a su vez tenía otros dos hijitos muy pequeños. La madre no podía trabajar, pues estaba muy malita y además de atender a los dos pequeñines, tenía que llevar la casa, hacer la comida, lavar la ropa y atender un par de gallinas y conejos que tenían en el patio, por lo que Rebeca tenía que salir todos los días muy temprano al bosque a buscar flores para venderlas a continuación en el mercado y así poder comprar comida para toda la familia, además de las medicinas para su madre.

Un día, nada mas amanecer y encontrándose ya la niña en el bosque, pasó una anciana y parándose ésta ante la niña la suplico con voz temblorosa: "Hola niña preciosa, no tendrás algo para darme? dinero o comida, pues llevo ya muchos días de camino y varios sin probar comida". La niña que nunca llevaba dinero, ni siquiera algo para comer o poder ofrecer a la anciana, la contestó que no podía darla nada, pero que no se preocupase, pues la podía acompañar al mercado, y allí esperase a que vendiese todas las flores y así luego podría compartir con ella el beneficio, dándola algo de comer.
Llegando ya la media tarde y poco antes de anochecer había vendido prácticamente todas sus flores y para que no se hiciese más tarde, compró dos panes, un queso, un racimo de uvas y una medida de leche. Con su alegría habitual por haber vendido las flores y haber podido comprar la comida, buscó a la anciana que agotada estaba sentada en un banco de piedra cerca del caño donde solo había podido beber algo de agua fresca, pues nadie la daba nada.
Tras acariciarla con cariño la cabeza la ofreció un pan, medio queso y la medida entera de leche. La anciana con gesto cansado la dijo que no podía aceptar toda esa comida, ya que ella también tendría que comer y además llevar el resto a su familia, que quizás lo necesitasen más que ella. Rebeca entre palabras cariñosas y bromas la convenció, diciéndola que ella era joven y fuerte y que mañana podría volver a vender más flores pero que ella, ya anciana y débil no podría hacerlo.
A eso la anciana aceptó con una suave y dulce sonrisa, dándola como regalo por tan bella y gentil acción una bolsita de cuero repleta de pequeñas, redondas y negras semillas diciéndola a continuación: "Toma estas semillas, que eran de mi jardín, siémbralas esta noche cuando la luna esté en lo más alto, riégalas a continuación y metete en la cama sin mas dilación". Luego se levantó, dio un beso a la niña en la mejilla y tras darla nuevamente las gracias se fue caminando con lentos y cansados paso, camino adelante.

Al día siguiente, como todos los días se levantó la niña a la salida del sol para preparar el desayuno a toda la familia, darle la medicina a su madre y despertar a sus hermanitos, saliendo a continuación al patio con intención de regar nuevamente las semillas que le dio la anciana y plantó la noche anterior. Cual fue su sorpresa cuando vio que en los macizos que ayer había sembrado brotaban las flores más preciosas y espectaculares que jamás hubiese visto, siendo a cual más bonita y con las formas y colores más insospechados. Asombrada, pero a la vez contenta y feliz, cortó tantas flores como le cupieron en la cesta de mimbre y corriendo fue a venderlas al mercado como todos los días.
Tal fue el éxito que tuvo, que cada día vendía más y más flores y llegando a casa, cuantas más flores cortaba, más flores brotaban. Así fue como poco a poco fue sacando a su familia adelante alquilando primero y comprando después un local junto al mercado donde primero vendía las flores, luego empezó a preparar ramos y terminó haciendo preciosos y espectaculares arreglos y centros florales.
Este fue el comienzo y la creación de la primera "tienda de flores" del mundo, allá por el no se cuantos, en no se qué pueblito del reino de no me acuerdo. Y todos los días cuando se levantaba Rebeca al amanecer y al acostarse rezaba en agradecimiento y gratitud por aquella anciana que no volvió a ver jamás y que la dio aquella bolsita de cuero, con aquellas misteriosas semillitas negras redondas y pequeñitas.


12 mar. 2012

El Lilium y el Sapo

Erase una vez, hace mucho, mucho tiempo, cuando las plantas y los animales todavía se hablaban que existía un jardín donde convivían las variedades mas hermosas de flores; los Iris, las Rosas, los Gladiolos, los Claveles y las Margaritas. Pero sobre todas había una flor que destacaba sobre las demás y decía que había venido de Oriente y se hacia llamar Lilium oriental.
Este bulbo con su gran campana floral, sus pétalos enormes, su blanco níveo y su suave pero intenso perfume no hacía más que pavonearse ante las demás. Un día pasó por el jardín un gordo y brillante sapo, quedándose este prendado de la belleza de la flor. "¡Hola! ¿Quieres ser mi amigo?" -la dijo- "Sapo repugnante, vete no molestes y no me vuelvas a hablar, ¿no ves como soy yo? Mírate en el lago y verás porque no quiero saber nada de ti" -le contestó el engreído Lilium-.

Triste, cabizbajo y dolido siguió camino del lago el sapo. Al cabo de unos días se desencadenó una fuerte tormenta, llovió, granizó, hizo fuerte viento y mucho frio y la bella flor sufrió. El granizo agujereó sus suaves pétalos, los finos bordes se quemaron, poniéndose negros por el frio y el fuerte viento ladeó la planta y torció su tallo. Atraídos por la humedad vinieron los mosquitos, aparecieron los pulgones y salieron los caracoles y las babosas, comiéndose los unos parte de las hojas y los otros las puntas de los capullos. La planta estaba desconsolada, ella que era tan bella, en lo que se había convertido en tan breve tiempo.
Pasada la tormenta, al poco tiempo volvía a pasar ya de regreso el sapo, y quedándose parado ante ella y viéndola tan maltratada la dijo sin rencor: "Ánimo, no llores, no te pongas triste, ya sabes que después de cada tormenta siempre vuelve a salir el sol, y pronto volverás a lucir una nueva flor, igual o quizás mas bella que la anterior".
Avergonzada la flor, en voz baja y temblorosa, le dijo al sapo "Sapo perdona mi arrogancia aprendí que no todo se puede apoyar en la apariencia externa y que lo más importante es la belleza del corazón y que los unos necesitamos de los otros. ¿Quieres quedarte con nosotras en nuestro jardín? Así podrías comer las moscas, los insectos que desees y podrías cuidar de nosotras espantando a los caracoles y cubriéndonos con grandes hojas protegiéndonos de las tormentas y los chaparrones. Nosotros a cambio te daríamos sombra y cobijo cuando salga el sol, atraeríamos a los insectos para que tu comas y perfumaríamos tu estancia cantándote además bellas canciones cuando el viento acaricie nuestras flores".

Así, sin mucho que pensar se quedó a vivir para siempre el sapo en el jardín de las flores y desde esa remota época, sapos, ranas y culebras conviven en armonía ayudándose mutuamente, siendo todavía hoy grandes amigos conviviendo en paz y armonía.


5 mar. 2012

El cuento de las dos piedras

Había una vez, hace muchos, muchos años, en un pequeño pueblo, un granjero a quien no le alcanzaba el dinero para devolver una importante suma de dinero que le había sido prestada por un viejo, feo y antipático comerciante.

Como el granjero tenía una hija muy bella, que despertaba un fuerte deseo del prestamista hacia ella, este último le propuso un trato. Le dijo que le condonaba su deuda, si él le daba a su hija en matrimonio. Tanto el granjero como su hija, quedaron horrorizados con esta propuesta.
Ante la negativa de ambos, el viejo prestamista varió un poco su propuesta, sugiriendo que fuera el azar quien determinara si la propuesta iba o no iba adelante. Les explicó que iba a colocar una piedra blanca y una piedra negra dentro de una bolsa vacía y la joven debería sacar una de las piedras de la bosa al azar, sin ver que color tenía ésta.
Si sacaba la piedra negra, se casaría con el viejo usurero y la deuda de su padre se consideraría cancelada. Si por el contrario sacaba la piedra blanca, no tendría que casarse con el anciano, pero, para hacer más atractiva esta manera de tomar la decisión, la deuda de su padre, también quedaría perdonada. Por el contrario, si ella rehusaba entrar en este juego de azar, su padre sería inmediatamente denunciado y enviado a la cárcel por el impago de su deuda y ella quedaría abandonada y arruinada a expensas del viejo prestamista.

Siguieron caminando, hablando y discutiendo y en un momento de descuido, el viejo intrigante se agachó rápidamente para recoger las dos piedras del suelo. La chica que estaba en tensión y teniendo la vista de un lince, se dio cuenta que el hombre había cogido disimuladamente las dos piedras, pero ambas del mismo color, NEGRAS y las había metido rápidamente simulando total normalidad dentro de la bolsa. Pero ella no dijo nada y se puso a pensar que hacer. A continuación el viejo prestamista le pidió amablemente, pero con una sonrisa burlona, que sacara una de las piedras que estaban dentro de la bolsa, como habían acordado en el trato anterior.
Toda esta situación había tenido lugar en el pequeño camino que estaba recubierto por piedras blancas y negras idénticas a las de la bolsa. En esto la joven metió lentamente la mano en la bolsa y sacó una de las dos piedras cubriéndola totalmente con su mano. Pero al sacarla la dejo caer inmediatamente como por accidente al suelo, sin que nadie tuviese tiempo de verla, y fingiendo estar contrariada, a la vez que asustada, se disculpó por la torpeza cometida. Al caer la piedra extraída al suelo esta se confundió inmediatamente con los otros cientos de piedras blancas y negras que formaban el camino que llevaba a su casa. "¡Pero que torpe soy!" exclamo ella. "¿Como pudo pasarme algo así? “No importa" prosiguió rápidamente. "Todo tiene solución. Se puede saber con exactitud cuál es la primera piedra que saqué, pues sacando ahora con mucho cuidado la que queda en la bolsa, sabremos que si la que queda es blanca, habré sacado la que se me cayó de color negro, y si la que queda en la bolsa es negra se me habrá caído la de color blanco. ¿No es así? "A eso con cara y voz inocente, le pidió al usurero que por seguridad sacara él mismo la piedra que quedaba. Mudo, y sin saber que decir, metió la mano en la bolsa, sacó la última piedra, y por supuesto esta era... NEGRA... Por consiguiente, la primera piedra que sacó la joven no podía ser sino... la BLANCA. Por supuesto el malhumorado viejo, rojo de ira, no se atrevió a confesar su trampa y la muchacha transformó así la situación que parecía imposible de salvar en un desenlace muy ventajoso para ellos, sin tener que casarse ella y liberando a su padre de su fatal deuda.

Esto nos enseña que existe una solución para la mayor parte de los problemas aun siendo estos muy complejos. El problema se suele presentar, porque no sabemos ver las cosas, desde el ángulo adecuado. Debemos ser positivos, analizar la situación, pensar tranquilamente y luego tomar sin titubear la decisión mas adecuada.