25 jun. 2013

¿Por qué sube el agua a las plantas?


Siempre hemos oído hablar sobre la fuerza de la gravedad, y ¿quién no conoce el famoso ejemplo de Newton (Físico, filosofo, inventor, alquimista y matemático inglés. 1643-1727), cuando vio caer una manzana?, descubriendo así que existía una fuerza que atraía a los elementos físicos, como si de un imán se tratase, hacia el centro de la tierra. Pero si es así, ¿cómo puede ser que el agua que alimenta a los vegetales suba sola sin más ayuda decenas de metros desde la profundidad de las tierras a lo más alto de los arboles? Pues bien, ahora lo veremos, empleando una terminología sencilla y fácilmente comprensible, mezclándola con otra un poco más técnica y profesional, pero ambas de muy fácil comprensión:

El fascinante viaje de una molécula de agua por el tejido vegetal, desde la raíz hasta las hojas.

Cuando una molécula de agua penetra en una planta por su raíz comienza un viaje cuyo destino está en las hojas, muchas veces situadas a varias decenas de metros de altura, a través de la infinidad de canales que forman el xilema vegetal (tejido conductor de líquidos) ¿Pero cuál es el mecanismo para esta ascensión?

Antes de ponernos a escalar interiormente con la molécula, sepamos con qué nos enfrentamos. El libro Guiness nos dice que el árbol más alto del que se tiene noticia se encontró en Australia, en el monte Baw. Fue un ejemplar de Eucalipto de Tasmania (Eucalyptus regnans), una variedad de eucalipto, cuyo porte se cree era de unos 143 metros (se piensa que pudo medir más de 150 metros) de altura.
Verdaderamente una altura impresionante y algunos pretenden convencernos de que el agua sube escalando mediante la capilaridad. Ciertamente, la capilaridad es un efecto sensacional que permite al agua subir por tubos y recovecos estrechos (se puede comprobar sin más, que sumergiendo una tira de papel higiénico en agua y manteniéndolo en alto, el agua enseguida asciende).

Otros señalan que el motor que permite ascender a nuestra molécula de agua es una cierta presión radical que la empujaría desde la raíces. Podemos comprobar sin más que observando atentamente lo que ocurre con la savia en el tocón de un árbol recién talado, más que manar a chorros, como si de una fuente se tratara, rezuma y gotea levemente. Esto quiere decir que en los canales del xilema(El xilema, del griego clásico: "madura", es el tejido leñoso capaz de conducir líquidos de una parte a otra en las plantas vasculares; El xilema se encarga de trasladar la savia desde la raíz hacia la parte proximal de la planta; ésta es la llamada savia bruta, que se compone en su mayor parte de agua e iones inorgánicos, aunque algunos compuestos orgánicos pueden estar presentes, y junto al floema (tejido conductor de los nutrientes orgánicos), forma una red continua que se extiende a lo largo de todo el organismo de la planta.) la presión a la que está sometida nuestra molécula de agua no es muy diferente de la atmosférica y para subirla por ejemplo a 143 metros al Eucalipto mencionado, se necesitaría una presión 15 veces superior.

La teoría más aceptada para explicar este proceso de ascensión es la siguiente: Veamos cómo funciona.
Por la sequedad del ambiente, el calor del sol y la acción del viento, en la planta o árbol, cuando llega a las hojas el agua procedente de las raíces, esta se evapora y pasa a la atmósfera llamándose este fenómeno, transpiración.

De inmediato la transpiración hace que pase agua desde el xilema hasta las hojas. Naturalmente, esto provoca un flujo de agua desde la raíz hasta el xilema. Y otro tanto sucede entre la raíz y el suelo. En suma, la transpiración y la subsiguiente cadena de difusiones desde arriba hacia debajo de la planta, provocan una succión en la columna hídrica que se transmite desde las hojas hasta la raíz y el suelo, a través del xilema (los vasos del xilema, actúan como las pajitas cuando nos bebemos un refresco).

La ventaja de esta teoría es que propone un mecanismo físico donde no interviene la energía metabólica de la planta.

Por lo que vemos que una planta absorbe agua por las raíces, esta viaja por el xilema (savia bruta) hasta llegar a las hojas, donde se evapora y pasa a la atmósfera. Como ya vimos, este proceso se llama transpiración. Así la mayoría del agua absorbida por la planta es evaporada por las hojas. Estas fuerzas de evaporación crean una tensión negativa que es la que "tira" del agua hacia las ramas superiores ya que el proceso capilar solo puede llegar a un máximo aprox. de unos 100 m de altura. Por último existe otra fuerza que hace subir el agua por el xilema de la planta; es una presión positiva ejercida por la raíz que absorbe agua activamente, disminuyendo el potencial hídrico de la raíz con la consecuente entrada de agua por ósmosis (la ósmosis permite igualar la concentración de dos disoluciones en contacto) desde el suelo. Pero en los árboles, gracias a la capilaridad, el agua sube, utilizando para ello el Xilema y el Floema (El término floema deriva del griego "phloios" que significa corteza y está íntimamente asociado al xilema, formando estos el sistema vascular de la planta. El floema es el tejido conductor encargado del transporte de nutrientes orgánicos, especialmente azúcares, producidos por la parte aérea fotosintética, para subir y bajar savia y nutrientes respectivamente.) El agua llega a las hojas subiendo por el xilema, o tejido de conducción del tallo. En una planta de tallo verde los vasos del xilema están contenidos en un cierto número de haces llamados "haces vasculares". Estos vasos que transportan el agua, son células de forma tubular conectadas entre sí formando largos canales de transporte, que suben a lo largo de la planta. En un tiempo se pensaba que el agua era bombeada a lo largo del tallo, o por las raíces o las células vivas del tallo. Hoy los estudiosos creen que el agua es succionada a lo largo del tallo desde su parte alta. Las moléculas de agua ejercen una enorme fuerza de atracción entre ellas. La evaporación del agua de las hojas (o transpiración) crea un vacío parcial. El agua, a través de las vetas de las hojas, viene a llenar este vacío y, de esta forma, trasiega hacia arriba el agua de la parte baja.

La transpiración ocurre cuando el agua es absorbida por las raíces de las plantas, es llevada por los tallos a través de células huecas y, finalmente, es evaporada a través de los poros de las hojas. Las raíces de las plantas absorben el agua directamente a través de sus células mediante un proceso llamado ósmosis. El interior de las células de las raíces tiene una gran concentración de azúcares y sales, lo que lleva el agua hacia adentro. La ósmosis permite igualar la concentración de las dos disoluciones en contacto. El agua tiene una alta tensión superficial, lo que significa que las moléculas de agua se aferran la una a la otra. Tiran las moléculas de la parte superior y las otras les seguirán, como un collar de perlas. Esta propiedad permite a las plantas llevar columnas de agua muy alto, tan alto como el árbol más alto. El tallo de la planta es como una pajita que va desde las raíces hasta los brotes. El agua sube por el tallo y pasa a través de células huecas de transporte de agua llamadas xilemas, las cuales tienen agujeros en la parte superior e inferior. Estas células forman una columna continua de transporte de agua desde las raíces hasta las hojas.

Así pues vemos como las plantas son capaces de subir grandes cantidades de agua desde varios metros de profundidad de la tierra a muchos metros de altura a plantas y árboles, luchando contra la gravedad y pudiendo así alimentar desde la plantita más pequeña a los ejemplares más grandes y altos.

¿Qué sabia y grande es la naturaleza?
Hans Klobuznik

17 jun. 2013

El pH de la tierra

¿Qué es el pH de la tierra?

En muchos libros, revistas o catálogos leemos continuamente sobre la importancia del pH en la tierra, y el aficionado que se documenta o que habla con técnicos oye a menudo esta expresión: "El valor de esta tierra tiene un pH de 6,5". Pero tal vez no está completamente seguro de lo que quiere decir o no entiende su significado.

El valor pH es el índice de la reacción ácida  alcalina o neutra de la tierra. Esta reacción depende de la concentración de los iones de hidrógeno  pero al aficionado le bastará saber la relación que existe entre el valor pH de la tierra y las exigencias de las plantas. Pero realmente, ¿sabemos qué significa esto? El pH es una característica muy importante que tienen todas las tierras. El pH se expresa con un número entre el 1 y el 14, pero en el 99 % de los casos está entre 3 y 9, pues la vida de las plantas se desarrolla únicamente entre estos valores.

  • El suelo "Ácido" tiene un pH menor de 7.
  • El suelo "Neutro" el pH es igual a 7.
  • Suelo "Básico o Alcalino" el pH es mayor de 7.




El mejor pH para la mayoría de las plantas oscila entre el 6 y el 7, es decir pH Neutro. El pH influye en el suelo o substrato en varios aspectos, pero el más significativo es en la disponibilidad de nutrientes, es decir, la influencia del pH en la mayor o menor cantidad de nutrientes (Fósforo, Potasio, Hierro, Cobre, Boro... hasta 13) que hay en el suelo, para que se puedan formar las raíces de las plantas.

¿Qué se entiende por el valor del pH o su grado?

Tenemos que saber que es igual de importante este concepto para los aficionados a la jardinería como para los amantes de las plantas de interior. Como concepto básico diremos que el pH es lo que diferencia a una tierra ácida de una tierra alcalina. El pH es una escala numérica que mide el grado de acidez o alcalinidad de una substancia. Esta escala como ya dijimos, se mueve entre el 0 y el 14. El agua tiene un pH de 7, por lo que se dice que el agua es neutra. Los técnicos e investigadores expresan en números el grado del pH. Realmente el concepto es tan fácil como cuando aprendimos la distancia métrica que dividía 1 m. en 100 cm.

El contenido en ácido empieza en el valor pH 0. y va al valor pH 7. Nuestras plantas prosperan y viven en los valores de 4,5 pH, al 8 pH. Por lo que las llamaremos tierra ácida a las tierras sin cal, como son las tierras de pantanos, de mezclas con hojas podridas o de brezales. Las tierras ácidas van bien a Azaleas, Ericas, Camelias, Bromelias etc. y si alguien las plantase en una tierra de pH 7, morirían al poco tiempo.

La mayoría de las plantas de interior se dan bien entre un pH de 6,5 a 7,4. Por debajo de 4,5 es la tierra fuertemente ácida. Entre 5,6 a 6,4 es ligeramente ácida  Entre 6,5 a 7,4 es la tierra neutra. Y el pH 7,5, es la tierra caliza, es decir que tiene mucha cal. Bueno, con esto ya tenemos una pequeña idea de la importancia del pH en la tierra y nos dará pie a consultar a los profesionales que pH necesita la planta que le compraremos, para posteriormente poder comprar una tierra adecuada para su trasplante. Como truco veremos la posibilidad de cambiar el pH de nuestras tierras, para hacer posible el cultivo en buenas condiciones de determinadas plantas que exigen un valor del pH distinto del que podamos tener. Bastará añadir algo de cal si necesitamos una tierra alcalina, y si la necesitamos más ácida se escogerá y añadirá entre sulfato de amoniaco, sulfato de aluminio, turba rubia o una mezcla de tierra procedente de hojas descompuestas. Y si ven lombrices en la tierra sepan que esa tierra está entre un 5 y un 8 de pH pues ellas solo pueden vivir entre esos grados de pH.

Ahora veremos una pequeña tabla, para ver los distintos pH de ciertas plantas: Tierra alcalina (pH 7,5) = Caléndulas, Petunias, Rosales, Tulipanes, Manzanos, Cipreses, etc. Tierra neutra (pH 6,7) = Anemonas, Dalias, Gladiolos, Violeta, Cannas, Sauces, Tejos, etc. Tierra Ácida (pH 6) = Cyclamen, Prímula, Begonia, Lavandas, Arces, Laurel, etc. Tierra muy ácida (4,5) = Brezos, Hortensia, Gardenia, Camelia, Rododendron, Helechos, etc. Para medir el pH, existen unos aparatitos (pHimetros), o unos papelitos especiales,(en un pequeño set) todo esto se puede comprar en floristerías, gardens, viveros o tiendas especializadas del ramo, para poderlo hacer uno mismo.

Y para finalizar una curiosidad, ¿No escucharon nunca decir a nuestras abuelas, que metiendo unas llaves viejas o unos clavos rotos en la tierra, conseguían cambiar el color de sus Hortensias? Pues efectivamente, eso sucedía sin que ellas supiesen el porqué, pues al oxidarse el hierro y mezclarse con el agua y absorberlo las raíces le cambia el pH a la planta y esta cambia de color. ¿Curioso no? ¡Pruébelo y se sorprenderá!

Hans Klobuznik

3 jun. 2013

Planta del mes de Junio: Suculenta

RESISTENTE Y AGRADECIDA, OFRECE UNA COMPAÑÍA INCONDICIONAL

La vida no siempre está llena de comodidades, y el día a día puede resultar difícil algunas veces. Pero ante situaciones menos afortunadas, lo que hay que hacer es sencillamente adaptarse para sobrevivir. Pues así son las plantas de la familia de las suculentas, planta del mes de junio, unas supervivientes que se adaptan a todas las situaciones y a todos los ambientes.

A la Suculenta se la conoce también como “la reina sin corona”, y o la “planta grasa”, pero su nombre oficial proviene de “succus”, palabra griega que significa agua. El nombre le viene dado por la capacidad que tiene para retener agua, y ser una planta muy jugosa. Esta agua es la clave para su supervivencia, y esta característica es típica de plantas cuyos orígenes se encuentran en zonas áridas.



Circunstancias inhóspitas
En realidad las suculentas son una familia de plantas, que lo que tienen en común son unas hojas muy carnosas que retienen gran cantidad de agua. Pero no solo las hojas almacenan tan necesaria hidratación, sino que también retienen el agua sus raíces y tallos. Esta es una característica importantísima para poder sobrevivir en circunstancias inhóspitas, y esa virtud las hace idóneas para ubicarlas tanto en el interior como en el exterior de las casas.

Un verdadero luchador
Una planta de la familia de las suculentas, suelen ser una verdadera luchadora, que aún recibiendo muy poco saldrá para adelante. Es fácil cuidar una planta de este tipo, ya que no requiere grandes atenciones por su parte, no es una planta frágil, sino todo lo contrario. Pero eso no significa que tenga que quedar en el olvido, ya que si se le presta la atención debida, logrará una planta hermosa y robusta.

Calidez y luz
Lo más imprescindible a la hora de tener una suculenta, es ubicarla en un lugar con abundante luz. Aunque algunas variedades no soportan la luz solar intensa de forma directa, pero la mayoría se sienten cómodas con la luz natural. Soportan bien cualquier temperatura, por cálida que sea. Y es importante no regarla demasiado, basta con un riego una vez al mes en meses de invierno, y con mayor frecuencia en verano. Es importante que la tierra no esté excesivamente mojada, ni las raíces encharcadas. Y con estos mínimos cuidados la planta nos brindará un apoyo incondicional.